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03/07/21

270.- Hoy, 3 de julio, me apetece hablar de mi hermana Margarita. No porque cumpla 63 años, que también, sino porque quizás no pasa por su mejor momento y me gustaría que estas líneas sirvieran para animarla y también para felicitarla.

Sé que se emocionará. Está sensible viviendo intensa y profundamente un episodio de su vida inesperado.

Para empezar, retrocederé unos cuantos años.

La diferencia de sexo y los 3 años de edad que nos llevamos (ella es mayor que yo), hizo que en nuestra etapa infantil y de la adolescencia, no tuviéramos demasiada relación personal, pero esto cambió drásticamente en la edad adulta, ya que desde entonces, además, compartimos nuestra relación profesional.

Suele decirse que no hay mayor regalo que un herman@. Hemos tenido cantidad de desavenencias pero tanto la convivencia familiar, como la profesional, no se han visto afectadas. Desde pequeños nos hemos querido y cuidado siempre y si tuviera que destacar un valor negativo, por ambas partes, es que no hemos sabido expresar nuestros sentimientos de uno hacia el otro. A veces parecemos antipáticos e incluso no parecemos hermanos, pero nosotros dos sabemos que nuestro afecto y cariño está muy por encima de las apariencias.

Claro que hemos discutido, es normal, cada uno tiene su personalidad y su carácter, pero siempre hemos tenido claro cómo gestionar nuestros problemas y cómo resolver nuestros conflictos.

En el 92 me hizo el mejor regalo que podía esperar. Nació mi sobrino Daniel, con el que he compartido y comparto tantas cosas, personales y profesionales, y al que siento en parte como el hijo varón que yo no tuve.

Y así han ido pasando los años.

Pero llegó la maldita pandemia del COVID-19 y lo que en principio tenía que ser la solución (la vacuna), se convirtió en uno de los peores momentos vividos por Margarita y también por la familia.

La vacuna le hizo reacción sufriendo el síndrome de Guillain Barré. Este síndrome es un trastorno poco frecuente en el cual el sistema inmunitario del organismo ataca los nervios.

Ingresada de urgencias, cuatro días en la UCI, parálisis facial, muchos dolores de espalda, dificultades para caminar y, sobre todo, mucho miedo, después de más de tres semanas por fín pudo ir a casa con una gran preocupación: ¿podría volver a caminar como antes?

Margarita es una mujer dura, muy dura. Su carácter y vitalidad han hecho que, con no pocos esfuerzos y muchas horas de recuperación (y las que le quedan todavía), en varios días ya camine sin ayudas externas.

Creo que lo peor ya ha pasado y aunque para ella seguro que todavía le quedan días (y meses) complicados, estoy convencido y seguro, que más pronto que tarde volveremos a reír, también a llorar y discutir juntos. Será la señal de que todo vuelve a la normalidad y espero ansioso ese día que seguro que lo celebraremos como se merece.

En fin, que por muchos años puedas seguir cumpliendo años hermana.

Te quiero.

Víctor
 
Nota: he tenido muchas dudas para seleccionar la foto, pero acompaño estas líneas con una de mis favoritas.
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