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11/04/21

261.- Hoy me apetece hablar de mi padre.

José Antonio Martín Toledano. Barcelona 6 de junio de 1927.

No tuvo una infancia fácil, menos aún la juventud y todavía fueron más complicados sus primeros años de adulto. Dos terribles accidentes marcarían su futuro.

Por una parte, la caída por el hueco del ascensor que estaba montando en el Hospital Arnau Vilanova de Lleida cuando trabajaba en la empresa de montaje de Ascensores FUSTER FABRA. Este accidente le supuso un duro golpe que le dejó “tocado” física y profesionalmente.

El otro accidente fue moral. Perder a su padre (mi abuelo Eugenio) a la edad de 26 años no ha de ser fácil asumirlo y menos aún al mismo tiempo que el primer accidente.

Pasó un año en un Hospital de Tremp y luego, con más voluntad que medios, se recuperó en el piso de las Ramblas de Barcelona, más concretamente en el número 138, justo al lado del cine Capitol (Can Pistolas).

En los trasteros del terrado de este piso empezó a fraguar su carrera en solitario, creando en 1959 la empresa: ELECTROMECÁNICA J. MARTÍN TOLEDANO, dedicada explícitamente a la fabricación de PULSADORES, PILOTOS y BOTONERAS PARA ASCENSORES, primero en un pequeño local de la calle Toledo de Barcelona, para cambiar años más tarde a la calle Andorra de L’Hospitalet.

En mi infancia y juventud a mi padre le disfruté poco ya que se pasaba más horas en el “taller” que en casa, pero siempre que podía recuerdo cómo me explicaba infinidad de vivencias, tanto buenas como malas, de lo que significa crear y mantener un negocio.

Crear una empresa, en ocasiones va relacionado con el trabajo soñado. Comporta ser tu propio “jefe”, elegir tu propio equipo de trabajo, lidiar con los trabajadores ya que cada persona es un mundo y todo el mundo importa, decidir lo que debes hacer, cuándo y cómo hacerlo, etc. pero siempre tuvo muy claro y me transmitió este mensaje para que lo tuviera muy presente: “Víctor, no te asocies nunca con nadie, mejor estar solo, reír cuando toque reír y llorar cuando toque llorar, pero siempre en tu intimidad”.

Y así fueron pasando los años hasta 1987 cuando, coincidiendo con el nacimiento de mi hija Marta, nos trasladamos a las actuales instalaciones de la calle Vilardosa de L’Hospitalet donde, a pesar de los 1.000 metros cuadrados disponibles, todavía le seguimos llamando “el taller”.

En estas instalaciones convertimos Electromecánica JMartín Toledano en JMT, primero Sociedad Anónima y más tarde en Sociedad Limitada, pasando a ser los socios los tres hermanos Martín: Francesc, Margarita y Víctor.

A partir de 1987 mi padre, con 60 años, empezó a “soltar las riendas” de la empresa y nos legó todo su potencial. Pues bien, este año 2021 en el que yo también cumplo 60 años, mi padre, después de más de 1 año sin poder visitar (por la pandemia) “el taller” que él creó, mi sobrino Daniel lo ha ido a buscar para enseñarle los nuevos adelantos que hemos llevado a cabo y claro, no he podido evitar hacerle una foto delante de una de las máquinas de última generación que tenemos y que hace automáticamente las piezas que él hacía con la lima.

No hemos podido dejar de emocionarnos las tres generaciones, mi padre, yo mismo y mi sobrino Daniel, más aún pensando que, tal y como hizo mi padre, quizás no esté lejos el momento de que a mis 60 años empiece a “soltar las riendas” de la empresa. Futuro lo hay, estoy seguro y también estoy seguro que mi padre, a sus cerca de 94 años, lo sabe.

11/04/21 - bonaigua - trial